martes, 1 de noviembre de 2011

25 y 26 de mayo

25 y 26 de mayo



S., en fb, recoge algo que me parece buena idea, que ya he leído en otros sitios y que, esta es la pena, sería bastante difícil de organizar: una huelga general de consumo. Ahí les dolería, si fuéramos capaces.



Después de unos días de reflexiones algo más densas, vuelvo a reírme con las consignas y las bromas: “Si viene la policía, sacad las uvas y disimulad”. La brillantez anónima me fascina.



Éramos pocos y parió la abuela. Rouco Varela hace una aparición estelar: “Los problemas de los indignados tienen que ver con lo más profundo, su alma, su corazón.” Dicho así, si una no supiera de quién viene, podría tener hasta algo de razón. Aunque yo más bien diría que los problemas de los indignados tienen que ver con la falta de alma y corazón de otros. Cuelgo un enlace a sus declaraciones en fb, y alguien comenta: “ Tiene toda la razón: vendieron su alma y su corazón a cambio de un piso o un curro de mierda esclavizante.” Chapeau.



Más declaraciones tocanarices, esta vez de Sarkozy. Me toca en uno de los sitios que más me duele. “Ahora que Internet es parte integral de la vida de la mayoría de las personas, sería contradictorio excluir a los gobiernos. Nadie debe olvidar que estos gobiernos son los únicos representantes legítimos de la voluntad de las personas en nuestras democracias. Olvidar esto es arriesgar un caos democrático y consecuentemente, anarquía". Daría risa si no diera miedo. Alguien comenta, también en fb: “Estos neogobiernos como el del amigo Sarkozy, que pasan olímpicamente de inmiscuirse en el paro (ya lo solucionará el sector privado), en la banca (ya se regulará sola, y el BCE, que fije los tipos de interés, pero de prestar, ni un euro), en la educación y la sanidad (que se vaya pudriendo la pública y que quien pueda que se pague la otra), en la integración social (el que venga, que se integre o que lo jodan), etcétera... Ahora la han tomado con internet. Aquí sí que se van a meter a saco, ¿no? Para proteger al ciudadano, ¿no? Me callo lo que pienso que esto lo leen niños.”



No es que yo antes pensara que la gente es tonta, mucho menos aquella con la que tengo contacto a través de las redes sociales, poetas, narradores, periodistas, compañeros de trabajo, familia, lectores... -da igual cómo o por qué llegáramos a ser amigos o conocidos. Pero la verdad es que ahora diariamente me sorprendo de su cultura, de su capacidad de análisis, de su brillantez. Algo más que está cambiando: ¿habíamos hablado, pensado, reflexionado tanto nunca juntos sobre política? Yo al menos no. Yo he despotricado toda mi vida, pero pocas veces he intentado construir. Y aunque sigo sin ser una persona de calle, de primera línea, de acción, siento que junto a toda esta gente que está intentando ver más allá, estoy poniendo mi pequeña aportación y lo que estoy recibiendo me hace sentir afortunada cada día. Es como si todos nos hubiéramos desnudado, nos hubiéramos arrancado las caretas de conformismo, de normalidad, que la impotencia y el silencio nos habían pegado a la piel hasta confundirse con ella. Alguien dice: “Igual que la crisis es tautológica -nombrarla es hacerla existir- esto (supongo que esta comunidad que se está formando), también.”



No me olvido de Sol, por donde sigo pasándome al menos una vez al día, para pasear, leer carteles, escuchar un rato en las asambleas. Hasta hacer bulto -sumar presencia física- me hace sentirme útil. Pero voy comprendiendo -o sintiendo, mejor dicho- que Sol es una puerta, la puerta al salón donde hemos descubierto que podemos sentarnos juntos a compartir, a reflexionar, a mirar alrededor y hacia delante.



Mi hija me pone deberes. Me dice que le gustaría saber qué soy, con qué me identifico: ¿Anarquismo, comunismo...? ¿Qué? Su habitación parece un museo en construcción del 15M: careta de anonymous, carteles, pegatinas, consignas anarquistas en la pared... Me siento orgullosa de ella, porque entiende lo que está pasando, por qué está pasando y está llena de inquietudes y preguntas. Aunque no tengo, ni mucho menos, todas las respuestas. Ante su presión y la presión externa, digo: “Me piden que me posicione. Me pido posicionarme. Yo siempre he estado a la contra. Perdonadme que me lleve algo de tiempo aprender el a favor.” Aunque sé que en lo que pienso hay mucho de a favor. Incluso sin etiquetas, cuya utilidad no alcanzo a ver, no al menos tan profundamente como para tener la necesidad de comprometerme con ellas.



Se fue la alemana, por cierto, y todos los días nos preguntamos qué imágenes se habrá llevado en la retina. Si Sol ha dejado algún sentido, alguna huella, más allá de que fuera más difícil acceder a Zara o a El Corte Inglés.

martes, 25 de octubre de 2011

24 de mayo

24 de mayo



Después del malestar de los días anteriores, un golpe sobre la mesa: escribo mi primer poema de estos días. No me he salido del tema, claro.



Que no que no y que no
que no me quedo fuera
que demasiado tiempo
que demasiadas sombras
y todos los relojes
sonando a guillotinas

que no que no me quedo
que no me quedo fuera
que ya son muchos metros
y ya muchas medidas
que hay un sol que no quema
y este traje de rosas
a nadie pertenece.





No me paro a pensar si es un buen poema o no. Es efectivo. Me ha sacado algo, una parte al menos, de lo que se me va quedando dentro estos días.



Y otro golpe más sobre la mesa. Estoy sentada en la parada del autobús, en Puerta Cerrada, junto a una señora de unos sesenta años. Le cedo el sitio a otra señora que lleva el tobillo vendado. Por delante de todas nosotras pasa una chica embarazada con la tripa al aire y las dos mujeres mayores se ponen a despotricar (“No hace falta enseñarlo todo”, “Qué desvergüenza”, etc.) El tono y el volumen con que lo dicen -como si buscaran la aprobación de todo el mundo, o mejor dicho, como si la dieran por hecho- hacen que me arrepienta de haberle cedido mi lugar a la señora vendada y que me replantee si la generosidad indiscriminada es algo loable. A los pocos minutos, pasa un chaval con un carrito del super lleno de vigas y maderas; indudablemente se dirige a Sol, para montar o reforzar alguna estructura. Las mujeres vuelven a estallar: “!Qué vergüenza, la que están montando! !No sé cómo no mandan ya a la policía para echarlos! !Y en pleno centro de Madrid, qué imagen! !Con la bendición de Rubalcaba, eso está claro!” No puedo más. Les grito que se guarden sus opiniones para ellas, que mantengan al menos un tono de conversación, que no nos suelten mítines a los demás y que hagan el favor de no dar por hecho que todos pensamos como ellas. Que sus palabras ME ESTÁN OFENDIENDO. Me piden disculpas, no llego a saber si en tono irónico, porque me alejo de ellas temblando de rabia. Entre el cabreo, acierto a pensar que algo más está cambiando. Que me siento refrendada, que he recuperado mi derecho a expresarme. No es que esté orgullosa de gritarles a dos viejas, pero la verdad es que antes me hubiera tragado en silencio la impotencia de escuchar mentiras gritadas a los cuatro vientos, con ese tono de posesión de la verdad que es lo que más me molesta.



Reflexiono sobre si las prisas son buenas, o sólo necesarias. No quiero imponer mi impaciencia. Quizá sea mejor que me aleje o me calle mientras estoy así. M., desde Zaragoza, me contesta: “Depende del paisaje. En el abismo las prisas son necesarias, o reaccionas o te caes. Yo lo que no estoy muy segura es de si sabemos emocionarnos igual de bien a medio y largo plazo como a corto plazo. Lo del corto plazo está claro que sí, que sabemos hacerlo...”



Empiezan a surgir propuestas concretas. Sigo dudando: “Estoy empezando a pensar esto: mejor 4 propuestas claras, concretas y que posibiliten que después haya más cambios. Esto ha surgido porque une a mucha gente; no podemos arriesgarnos a perdernos por el camino.”

Pero la verdad que no lo tengo nada claro. Discuto a menudo con Manuel de esto. Él lo ve diáfano: mejor 4 propuestas claras. Me doy cuenta de que pido prisas, pero que a la vez las prisas me confunden. Intuyo que parte de la fuerza de todo esto es su indefinición. Hemos surgido como un gran NO, pero el sí de cada uno es otra cosa, el sí es aquello de lo que provenimos, y no es que no importe, sino que ahora es el momento de lo nuestro, lo común. Que es mucho más de lo que podíamos imaginar. Nunca un NO ha sido generador de algo tan positivo, tan energético, tan -no me gusta la palabra, pero no sé decirlo de otra forma- esperanzador.

¿Y es el NO siempre una fuerza destructiva? O más bien: ¿es destructivo ser destructivo cuando uno se opone a la propia destrucción? ¿Puede uno ponerse a proponer, a dialogar, a articular un discurso cuando le están atacando? Lo primero sería: deja de atacarme. Respétame. Escúchame. Tu voz no vale más que la mía, sobre todo cuando la impones con agresión, cuando estás pretendiendo robarme la dignidad, destruir mi integridad.

Otra de las claves de este movimiento es su generosidad: realistas, idealistas, anarquistas, comunistas, militantes, no militantes, sindicalistas, okupas, parados, funcionarios, jubilados... todos cabemos. Todos aportamos. No importan las siglas, las particularidades, sino la suma de los individuos.

Ahora no se trata de luchar por una ideología en concreto, cada cual tiene un bagaje, una historia, unas ideas: se trata, más bien, de librarnos de esta ideología única que se nos impone, de abrir el espacio a que cada uno de nosotros, en igualdad de oportunidades, sin sufrir insulto o desprecio o represión o silencio, pueda defender aquello en lo que cree. Yo nunca he sabido definirme. No soy anarquista, no soy comunista, no soy socialista. O quizá podría mejor decir: no sé si soy anarquista, no sé si soy comunista, no sé si soy socialista, no sé qué soy. Pero quiero que se respete a los que se dicen anarquistas, a los comunistas, a los okupas, a los sindicalistas... a toda la gente de bien que lucha por un mundo más justo. Quiero que se les respete a ellos y que se me respete a mí, aunque no quiera o pueda definirme. Aquí nadie me ha pedido un carnet, me ha hecho un examen, me ha juzgado o exigido un currículum. Porque básicamente aquí se trata de respeto, de honestidad y de justicia. De ideas y políticas que redunden en el beneficio común. Ni más ni menos.

Hay gente que tacha al movimiento de ingenuo. Quizás mis ideas, poco articuladas, impulsivas, intuitivas, también lo sean. Pero creo que sin cierta dosis de ingenuidad esto no hubiera sucedido. Y no olvidemos que era necesario, imprescindible, que algo como esto sucediera para romper la normalidad de este mundo anormal en el que vivimos.



Conste que estoy de acuerdo con los 4 puntos básicos, y también con el manifiesto largo que circula por ahí. Podría pedir más, podría pedir menos. Pero hay que empezar, hay que empezar por alguna parte. Y luego seguir sin parar. D. me dice en fb: “Ayer en la asamblea de la 1 se habló de esto mismo, de concretar algunas propuestas y defenderlas para reclamarlas a quien corresponda porque hay en general una sensación de que son muchas propuestas y poca concreción, yo lo veo y lo siento igual, a la vez me parece natural la ebullición de propuestas, una semana es poco muy tiempo de vida y poco a poco tenemos que ir asentando las propuestas principales y pasar a la acción para que no se diluya todo en un mar de ideas, así concluimos ayer en el encuentro de sol.”



La entiendo. Pero siempre acabo pensando que la necesidad de concreción nos viene impuesta por una forma de pensar ajena, externa, antigua. Que es una trampa que otros nos tienden y en la que caemos con la mejor de las intenciones. ¿De verdad -con la que está cayendo ahí fuera, con la claridad y la violencia de las agresiones- de verdad hay que concretar? ¿No está claro que lo que NO puede ser de ninguna de las maneras es este liberalismo salvaje que busca el beneficio de pocos y causa el mal a muchos? ¿No está claro que decimos NO a la dictadura de los mercados, a la complicidad y culpabilidad de los políticos, a los recortes, a los desahucios, a las privatizaciones, a la precariedad, a la explotación, a las injusticias en todas sus formas...?



Una cosa tengo muy clara: hay gente que reclama la creación de un partido político. Me opongo totalmente. Un partido es caer en estructuras, estrategias, portavoces, líderes, necesidad de fondos, definiciones excluyentes... Esta energía NO cabe en un partido.



Acabo la tarde leyendo. Encuentro este verso: “La muerte, que siempre es lo que ellos llevan de la mano”, del poeta Peter Laugesen. Toda mi parrafada anterior resumida en doce palabras. Por eso aspiro a ser poeta y quizá debiera dejarme de mítines, como deben dejarse de mítines las viejas de las paradas de autobús.

lunes, 10 de octubre de 2011

23 de mayo

23 de mayo

Estoy viendo con mi hija El gran dictador. Casi hubiera preferido ver algo más ligero, terapéuticamente apolítico. Pero ella también exige su dosis de ideología. La alemana está hoy de excursión y podemos elegir la temática de nuestra tarde compartida. El gran dictador. Sea.

R. me dice que no pierda la ilusión, que si personas como yo caen, cae la batalla. Sé que es un elogio, pero hoy me siento tan cansada que espero, deseo, que lo que dice no sea verdad y que la batalla no dependa de gente como yo, impaciente, obsesiva, cobarde, ciclotímica. Con más tendencia a la palabra que a la acción. Sólo ha pasado una semana, piensa una parte de mí, la que sabe, porque lo ha escuchado -y de gente mucho más joven-, que vamos despacio porque queremos llegar lejos. Pero otra parte piensa que ya ha pasado una semana. Y nadie ha dimitido, no se ha ocupado ningún banco, no hemos arrastrado a millones a la calle.

Me receto no ir a Sol hoy. Pero a la vez sé que es como quitarme el medicamento que me podría subir los ánimos. Miro en las noticias los resultados de las elecciones con un intenso deja vu. Ni siquiera me interesan aquellos a los que he votado y que tampoco son los míos. Una izquierda instalada también en sus refriegas, su burocracia, sus privilegios, que no ha sabido o querido defender los intereses del pueblo -hemos recuperado esta preciosa palabra-, definitivamente del lado opuesto al mío, que no me representa en lo más mínimo. Me recuerda que me he traicionado al votar, y me pongo de peor humor.

Me desahogo en facebook, como siempre: “A todos los que han votado a un partido xenófobo, homófobo, franquista, clasista, etc, etc, etc, no les voy a decir nada. Pero, por favor, que ninguno de ellos me diga nada a mí. Bastante tengo con cruzarme con la cara satisfecha de sus líderes cada vez que hago zapping.”
Alguien dice: “Ayer después de tanto tiempo revoloteando, quienes tomaron las calles al anochecer fueron las gaviotas, a partir de hoy, se quitan sus "trajes" y se ponen el de buitres. Agarrémonos fuerte y apretémonos los machos que vienen curvas.”
“Muchos más somos los que no hemos votado a nadie”, dice O. Por lo que me toca, no me siento mejor. D. me parece muy lúcido en su comentario: “Yo sí, si me perdonas, les diría algo: háganse cargo de su voto. De la corrupción, de las promesas vanas, del estilo descalificatorio e irrespetuoso que han utilizado sus candidatos. Y del tipo de "democracia representativa" que construyen...Yo sólo les digo: disfrutad exactamente de lo que habéis votado.”
Tiene toda la razón, pero tampoco me consuela.

En la tele, las declaraciones de unos y de otros me recuerdan a aves carroñeras repartiéndose un cadáver. La misma mierda es. Cuando veo los resultados del PP en Cataluña, caigo en la cuenta: los que peor lo van a pasar a partir de ahora son los inmigrantes. El movimiento no se puede olvidar de ellos.

Por inercia, continúo difundiendo: “En Sol están faltos de fruta y embutido”.

Actividades en Sol. Lunes 23
15h – Fabada para 300 personas en Sol
20h – Reunión de accion política a largo plaza en la Pza de Pontejos
20h – Biodanza en C/Carmen con Tetuán
21h – Reunión de Sanidad en la esquina de Cajamadrid

Firmo por todas las iniciativas que me llegan: por un país laico, por la reforma de la constitución, por la moción de censura electrónica, no al pluriempleo mientras haya parados y por la ley de aceptación de las tasas bancarias. Cuanto más pesimista estoy, más frenética me vuelvo.

Por primera vez, oigo algo sobre las asambleas de vecinos por barrios. Pregunto en fb: “Como para la organización política de base soy una pardilla (por diversos motivos que no vienen al caso): ¿qué os parece lo de las asambleas de vecinos por barrios? ¿Vais a acudir a alguna de las convocadas para el próximo sábado? En principio, me suena bien, pero me encantaría oír más opiniones. Gracias.”
F: “Hay un riesgo, que es diluir el movimiento y una esperanza que es amplificarlo ¿qué pasará, ni idea? En Huelva ya hemos confeccionado grupos que se dedicarán a visitar asociaciones de vecinos, barrios, y lugares de importancia social tales como las oficinas del INEM, el rastro, las plazas de abasto, etc... Todo ello sin abandonar la acampada, en la que se han establecido turnos de asistencia. Además, trabajamos para conseguir al menos una asamblea semanal (por ahora es diaria) y una manifestación un día de la semana que recorra las calles de la ciudad.”
Y por primera vez, a pesar del orgullo de Sol, me da envidia la gente que participa de esto estando en lugares más pequeños, donde todo es más abarcable y directo.

F., de nuevo: “Creo que la mayoría cometéis un error, apoyáis el movimiento 15-M pero sin desprenderos de lo concebido en política hasta ahora, pretendéis cambiar las cosas desde modelos socialmente ya adquiridos, ya sea por motivos educacionales o por intereses individuales. No os dais cuenta de que esos modelos ya no nos sirven, que estamos en la confección de una nueva ideología, desconocida, aún por descubrir, una ideología en la que nosotros tome el relevo del yo individual, al menos en lo que a política se refiere, basada en la honestidad y en la justicia universal. Lo que se está generando es un nuevo modelo de pensamiento que algún día logrará cambiar el mundo.”
Tengo la impresión de que están empezando a aflorar las ideologías de cada uno.

Empecé el día con miedo y lo acabo con incertidumbre. Oigo alguna voz que dice que los resultados de las elecciones han sido una derrota para el movimiento. Ah, no, por ahí sí que no. Esto se sabía de antes. A nosotros que no nos carguen con ese muerto.

Ya tengo bastante con lidiar con mi pesimismo congénito. Pero, por favor, no quiero cinismos.

Tengo que recordar lo que leí en una pancarta en Sol: "El cansancio sólo les beneficia a ellos, cuídate". Cuánto sabio.

No me puedo quitar de la cabeza estos versos de Miguel Hernández:

Sobre la roja España blanca y roja,
blanca y fosforescente,
una historia de polvo se deshoja,
irrumpe un sol unánime, batiente.
Me hace falta la poesía. Su sabiduría atemporal, más allá o más acá de las fechas.

lunes, 3 de octubre de 2011

22 de mayo

22 de mayo

Manuel me pregunta si voy a votar. Estos días pasados he estado diciendo que no lo tenía claro, y que me decidiría en el último momento. El momento ha llegado, pero no tengo una decisión tomada; si pienso en votar, no me siento en absoluto feliz ni satisfecha, sino más bien víctima de un chantaje que en realidad ocurre sobre todo en mi cabeza. Es una lucha entre mis convicciones, mi deseo -que es no colaborar con algo en lo que no creo- y por otro lado un lastre realista que me empuja a hacer cualquier daño posible (que es ínfimo, obviamente) a quienes con toda seguridad van a ganar.

Le digo a Manuel que le acompaño al colegio y decido a la vista de las papeletas. Pero en el fondo sé que en esto ya hay algo de rendición. Haga lo que haga voy a sentirme mal. Estoy casi convencida de que si voto será peor, pero no sé si podré evitarlo. Me pregunto hasta qué punto influye en mis decisiones actuales la imagen que guardo muy profundamente en mi interior: mis padres yendo a votar por primera vez. Su responsabilidad, su emoción, su miedo. Una vez más, me doy cuenta de que en nuestras reflexiones conscientes siempre influyen otras subterráneas. Esta idea, que doy por segura, me inspira tanta aceptación -resignación- como inquietud. Porque si al final son impulsos heredados, enterrados, los que deciden y hablan por nosotros, esto anula el peso de la reflexión, la fuerza de lo que decimos. Estoy pesimista. Una semana desde el 15M y hoy estoy agotada. Me va a a bajar la regla, por cierto. Otro argumento a favor del peso de lo irracional. Mis hormonas también votan.

Busco y no encuentro la papeleta de Izquierda Anticapitalista (más tarde, en casa, leeré que decidieron no presentarse a las municipales.) Cojo la de Izquierda Unida. La meto en el sobre con gesto de mal humor. Manuel me dice que nadie me obliga a hacerlo. Calla, y vamos a tomar unas cañas, le digo. Camino hacia el bar como si acabaran de darnos una mala noticia.

Cuelgo en fb mi contradicción: acabo de votar en la esperanza de arañar una microcentésima de poder a aquellos a quienes aborrezco. Hay una parte de mí que está realmente enfadada conmigo misma. He participado en la misma farsa contra la que afirmo luchar. Ahora mi indignación también es contra mí. Y contra un sistema que me obliga a la contradicción permanente.

Para contrarrestar mi humor, sigo leyendo todo lo que puedo sobre Sol. Nos han dicho que los periodistas, los artistas, los políticos, los fotógrafos, los dibujantes, los poetas, etc eran otros. Los profesionales. Mentira. Las fronteras se están diluyendo. Sólo hace falta darse un paseo por Sol, leer las crónicas, las propuestas, disfrutar las fotografías que se cuelgan. Sabemos mucho más de lo que nos dicen desde fuera. Sólo hace falta encontrar los cauces para compartirlo. M. dice que en cuanto caigan en la cuenta los profesionales oficiales sacarán un manifiesto, e intentarán aprovecharse de la lluvia de ideas que supone sol. Chist, calla, que como te oigan los "oficiales" sacan un manifiesto y se apuntan, no sea que de esto salga algo que pueda repartirse y no les toque... ains, cuanta miseria :)
Ya están en ello, seguro.

Hablo con mi amigo J. Por fin ha vuelto del camino de santiago. La primera broma me la esperaba: “Joder, cabrones, me voy una semana y empezáis la revolución sin mí!”. Hablamos sobre la necesaria convivencia de la consigna y del análisis profundo.

Me doy cuenta de que hoy no voy a poder ir a Sol. Además de la regla, me ha dado un ataque de ciática y llevo no sé cuántas noches durmiendo a ratos. Hace, además, un calor tremendo. Espidifen y lexatin. De lo que no puedo pasar es de la tele y del ordenador. Internet suma y sigue, me consuelo. Pero hoy todo me parece poco.

Me llegan noticias de la asamblea. Al parecer, gana la idea de continuar una semana más. Digo en fb: “Parece que en la asamblea se va imponiendo la idea de quedarse al menos una semana más. Yo creo, ahora mismo, que la acampada no puede ser indefinida por el riesgo de que se pierda fuerza. Pero opino que debe seguir hasta que salgan contenidos y formas de continuar más concretas. No puede disolverse sin más y menos el 22M, fecha representativa para ellos mucho más que para nosotros.”

A pesar del cansancio, la ciática, la tristeza, tengo la impresión de que puedo relajarme y cuidarme. La infantil y necesaria impresión de que otros velan por mí.

lunes, 26 de septiembre de 2011

21 de mayo


21 de mayo

Es curioso, paso tan poco por casa que está sucia y desordenada y sin embargo cada vez que voy a Sol me invade el olor a lejía, hay brigadas de limpieza que no paran de barrer, fregar y frotar el suelo.

Ayer cuando salí de trabajar, me fui a Sol, volví a casa a buscar a mi hija y a la alemana, llevé a la alemana al teleférico, a mi hija a su clase de breakdance, me fui a sol durante la clase, regresé a buscarla, teníamos aún un rato hasta la cita con la alemana, así que volvimos a Sol, y luego de nuevo al teleférico y por fin a casa. Soy como una polilla atraída hacia la luz.

Hoy, sábado, decido ir de nuevo. Antes de salir, veo por el ordenador que a las doce del mediodía está ya lleno, seguro que mucha gente sigue allí desde anoche. Un amigo me dice que tiene una hija acampada en Sol y otra en Cáceres. Se lo cuento a Gara y me mira con toda la impotencia de sus catorce años. La alemana me dice que quiere ir de compras con sus otras compañeras por Sol. Le digo que no me parece buena idea. La gente es pacífica,le explico, pero hay mucha policía, y además es fácil perderse. Hoy es jornada de reflexión, y todo es un poco más imprevisible. Al final logro convencerla para que vayan a un centro comercial. Me siento un poco traidora, pero soy responsable de ella, y no creo que sus padres entendieran cualquier problema que surgiera hoy.

O., en facebook: “Lo llaman "día de reflexión" pero en realidad era, hasta hoy, una jornada de "Genuflexión" ante el altar de los políticos corruptos que pueblan las listas cerradas del sistema. Hoy es un día grande, y se reflexiona de pie y no de rodillas ante los politicastros y mercaderes. !!Reflexión SI genuflexión NO ante ningún poder civil militar o religioso!”. Se va a Sol con su hijo de cinco años y una pancarta hecha por los dos. Yo estoy muerta de cansancio, no sé a qué hora me dormí ayer, pero voy para allá, porque estando allí, a pesar del calor, se me pasa el cansancio. Estar entre gente se ha convertido en un estimulante natural.

Antes de salir, miro mi bandeja de correo. Hay cientos de correos desatendidos. Cuelgo mis disculpas en fb: “Lo siento por todos los que me mandan correos requiriendo mi atención para otra cosa, ahora mismo no estoy para nada más, ni por tiempo, ni por energía, ni por espíritu, ni por interés, ni por nada de nada. Entre no descuidar a los míos, y no descuidar Sol (que también son los míos), tengo el cupo cubierto. Ya iré contestando a medida que pueda.”

Leo que ya hay unas 25.000 personas en sol. O., de nuevo: “Si estuviera el papa, teleespe estaría diciendo que son 2.500.000. “

En tomalaplaza veo que ayer se aprobó una lista de propuestas en la asamblea. Las leo. Me parece que derrochan sentido común, ni más ni menos.

Antes de salir, me ducho y recuerdo la canción de Kiko Veneno: “Y yo lucho, y yo lucho, y después siempre me ducho. Y si me ves andando por el techo, es que no estoy del todo satisfecho”. J.D.E. dice que he encontrado el himno que estábamos esperando. La canto a voz en grito bajo el agua.

Hay gente que me cuenta que leen poemas míos en distintas acampadas, sobre todo “Capitalismo”. Siempre que alguien me dice algo así me viene el título de la obra de Jane Austen: “Orgullo y prejuicio”. Orgullo y pudor, más bien.

Manuel y yo llegamos a Sol. El calor es hoy casi insoportable. Llevamos agua para beber pero la gastamos tirándonosla por la cabeza. Preguntamos en infraestructura qué es lo más urgente. Hielo. Pues claro. Se nos suma una mujer algo mayor que yo, que si nos importa que nos acompañe. Vamos los tres a buscar la tienda de chinos más cercana, que, por cierto, no está muy cerca, en una esquina de la plaza mayor. El chino nos mira con agradecimiento. Treinta euros de hielo, que pesan como un muerto recién sacado del refrigerador. Mientras los entregamos en alimentación, asistimos a una escena recurrente. Gente que se acerca para hacer donaciones de dinero. No se acepta dinero. Pienso que esa es una de las fortalezas del movimiento, y que es muy importante seguir manteniendo esa postura.

Nos encontramos con P., L. y su hija N. La pequeña está jugando en la guardería de Sol. Me recuerda a aquellas guarderías que organizábamos hace años en las casas okupadas. P. está alucinado porque su hija lleva su nombre y el número de teléfono de los padres en una pegatina sobre la camiseta. Dejamos a la nena y a su madre, y los tres nos vamos a una asamblea de política, que se celebra en las descalzas. Hay mucha gente y cierta tensión, porque es la jornada de reflexión y el tema de la asamblea no deja lugar a dudas. Al poco comienzan a llegar furgonas de la policía y a rodearnos. Me pongo nerviosa. Le digo a M. que teniendo dos crías a nuestro cargo no nos podemos dar el lujo de meternos en un lío y que nos detengan. Cómo se lo explico yo a los padres de la alemana. Así que salimos de la asamblea. Estoy mareada, seguramente estoy teniendo una bajada de tensión. Debemos de llevar tres o cuatro horas dando vueltas por la acampada. Nos vamos hacia casa, las chicas llegarán pronto. Al final han ido al parque de atracciones.

Vengo de Sol reventada, con dolor de piernas, mareada y con los hombros quemados. Pienso en cómo estarán los que se tiran allí días y días. Claro, que no tienen mi edad. Iniciamos el ritual: ordenadores encendidos, Canal33, cerveza, tabaco, todo a mano desde el sofá.

Como cada vez que vengo de Sol, siento la misma tensión entre realismo -cambios posibles- e ideas radicales, locas, arrebatadas. La misma tensión que noto allí, al leer los carteles. Reforma de la ley electoral frente a Abajo el capitalismo, para entendernos. Toda esa energía, todo ese gentío... es normal que a veces a una se le vaya la cabeza y piense lo que le gustaría: okupar los bancos, el parlamento, a la mierda todo este sistema generador de infelicidad, injusticia, insatisfacción. Luego, al leer las propuestas, la reforma de la ley electoral, impuestos a las sicav, etc... todo parece poco. Supongo que esa es la fuerza, o una de las fuerzas, del movimiento. Su realismo aglutinador. Pero me consta que eso deja insatisfechos a algunos, a los que también comprendo... Cuando reflexiono sobre todo esto, siento miedo, miedo de que esas tensiones, esos tiras y afloja, rompan la cuerda que ahora mismo sostenemos entre todos. Primero conseguir algo, luego a por otra cosa...
Intercambio correos electrónicos con Batania, y expresa algo que también pienso recurrentemente: no es lo que pueden hacer por nosotros, sino lo que nosotros podemos hacer sin ellos.

Revolución. La palabra es tan atractiva...A cuenta de un poema de Batania que dice “las fresas en mayo, las fresas en mayo” digo en fb “las revoluciones en mayo”. Pero cada vez que digo la palabra revolución me ruborizo. ¿Nos hemos ganado la palabra? Me doy cuenta también de que apenas sé nada sobre el mayo francés. Estos son días para aprender cosas. El mayo francés, pero también las implicaciones del voto en blanco. Tomamos conciencia de lo que hemos dado por supuesto. Hablamos y hablamos y yo pienso que eso es bueno. Pero también tengo miedo del hablar por hablar.

Parecemos vivir en el futuro. Como si hablar de derribar los poderes supusiera ya haberlos derribado. Cada vez que pienso esto siento el vértigo de vivir en un tiempo irreal. Todos tan educados, tan alegres... ¿como si hubiéramos llegado a algún lugar? Hemos estado tan solos que estar juntos es una victoria, pero ¿suficiente? ¿Valdrá el impulso?

Me llama gente: ¿Vienes a Sol? Digo que no, que vengo allí. De todas formas cada vez que voy a sol no encuentro a aquellos con los que he quedado y acabo encontrando a otros.

Se ha acabado la rutina. Yo era casera y salir de casa exigía un ritual, que ahora se ha acortado. Digo “me voy a Sol” y basta entonces con coger el bolso, percatarme de que llevo tabaco -mucho más importante que llevar dinero- y el dni.

Mañana habrá asamblea general en sol para decidir si se levanta la acampada. El debate arrecia entre mis amistades. Yo insisto en que hay que desvincularse de las elecciones -que no, que no nos representan-, pero de repente caigo en la cuenta de que yo no me estoy quedando. Sí, claro, el movimiento somos todos, pero no me siento autorizada moralmente para decirle a alguien que siga pasando calor, incomodidades, miedo quizás, en nombre de las ideas de todos. J.D. dice “Yo creo que es muy importante que siga sobre todo por un motivo: porque después de las elecciones llegan los de las tijeritas (estas cosas se hacen rápido, con la inercia electoral, con los gobiernos recién nombrados y los ciudadanos hartos de campañas chorras y de sociedad del espectáculo), y tenemos que estar ahí para decir atrévete moreno si tienes cojones. Si todo va como hasta ahora, no se van a atrever.”
C. me hace una observación: “¿Has visto lo que ha cambiado el cariz del muro de fb?” Pocos se arriesgan a hablar de otra cosa. En la tele, todo parece más antiguo y banal que nunca. Todo está pasando en el canal que enfoca Sol, aunque en la pantalla sólo se vea un trasegar de gente, voces ininteligibles por megafonía – es tarde, pero aún deben de estar recordando a la gente que beba agua y se proteja del sol bajo las carpas. A la voz la sustituyen los tambores: ha empezado la batucada. Qué rabia el cansancio. Si hubiera aguantado ahora estaría bailando. Parece algo lógico y sensato, parte de esta lucha: celebrar, bailar. “Defender la alegría, gestionar la rabia”. Mostrar y compartir la alegría en la calle se ha vuelto también revolucionario. Vuelvo a pensar que ojalá todo esto me hubiera pillado con veinte años. Pero quizá a los 20 era más conservadora que ahora. O quizá más ignorante, o más individualista. A los veinte trabajaba y estudiaba. Tenía menos amigos. La política había traído mucha tristeza y preocupación a mi casa. Desconfiaba más de la gente y de las ideas.

Apuntes de acampada sol. Por primera vez leo las observaciones de Amador Savater. Qué listo. Apuntes. Creo que no hay otra manera de captar lo que está sucediendo, más que a base de pinceladas impresionistas. Mientras lo leo caigo en la cuenta de que llevo ya una semana sin coger un libro. Otra rutina más que se ha volatilizado.

La acampada de Barcelona ha aprobado movilizaciones hasta, al menos, el 15 de junio.
Llegan las niñas. La alemana mira de reojo por la puerta del salón, donde como siempre están los ordenadores y la tele. Debe de pensar que trabajamos como corresponsales.

Islandia es un tema recurrente. No sé hasta qué punto la experiencia islandesa es trasladable a España. Pero como inspiración es más que suficiente. Llevada por la emoción, escribo: “Islandia, espéranos, que vamos de camino”. Alguien, más realista, supongo, contesta que: “Buscamos lo mismo, pero nosotros no somos como Islandia. Al menos aquí no nos reclaman una deuda de 40.000 euros por cabeza por culpa de que nuestro Gobierno dejó a nuestra banca en uno de los mayores monstruo de Europa, que arruinó a 300.000 ingleses y holandeses. Por otro lado, si nos lo reclamaran, seguramente no nos dejarían opinar en referéndum...” Yo insisto: “A mí, lo que más me gusta de Islandia, es que haya banqueros en la cárcel”. J. Vuelve a contestarme: “Sí, están en la cárcel, pero a costa de haber jodido al país a lo bestia, más que aquí. Lo que han hecho los islandeses es un ejemplo, pero también un aviso de que había que actuar mucho antes de llegar a eso.”
A. cierra el tema: “La lucha va a ser larga y animada. Si los islandeses, con 300.000 habitantes, tuvieron que tomar las calles durante 5 meses para derrocar al gobierno y plantear una nueva lógica parlamentaria, a cómo nos sale el kilo de lucha con 48M de habitantes en España?”
Pero yo estoy en modo consigna, no en el de análisis, y no sé qué contestar.

Me envía V. un montaje que ha hecho con un poema mío -Capitalismo- al que le ha puesto música de piano. Es precioso. Yo, sin embargo, he dejado de escribir y leer. Lo que obtengo de esto es una inspiración indirecta, una energía obsesiva y centrada en buscar información y transmitirla. Pienso en cómo afectan las neurosis de cada uno a la manera en que enfoca su apoyo, su utilidad. He descubierto que tengo vocación de antena. Es importante aunar utilidad y pasión, así todo nace más sincero y se vence al cansancio. Me gusta ser una antena.

martes, 20 de septiembre de 2011

20 de mayo



20 de mayo

Lo primero que hago cuando me siento delante del ordenador es localizar las necesidades de hoy en Sol: papel continuo, bridas, sillas plegables, pizarras blancas, mantas, sacos de dormir, comida, martillos, cuerda larga, menaje, papel higiénico, escobas, recogedores, alambre, transporte (dar teléfono), altavoces con amplificador integrado. Por favor, traedlos a Comunicación o Infraestructuras.
Quiero pensar que es una información de utilidad, porque me gusta, para variar, sentirme útil.

Sigue el humor involuntario: “El Gobierno pide paciencia a los jóvenes: En 30 años estaréis mejor.” Empiezo a pensar si no serán unos provocadores. Poco después, leo que Zapatero dice que las cosas se arreglan trabajando y votando. Por ahí sí que no paso. Ni trabajando ni votando hemos conseguido hasta ahora nada. Se lo dice alguien que trabaja y que ha votado (siempre con mala conciencia, por cierto.) Lo único que hemos conseguido trabajando y votando es estar hasta las narices de que nos tomen el pelo. Tengo la impresión de que la brecha entre ellos y nosotros sigue abriéndose. Como dice M.A.: o son más tontos o más cínicos de lo que nos pensábamos.
Zapatero remata la jugada afirmando: “Si tuviera 25 años, seguramente estaría en Sol”. Le contesto en fb: y si mi abuela tuviera ruedas sería una bicicleta.
Se me quitan las ganas hasta de argumentar.

Me escribe mi prima C., desde Stuttgart. Dice que allí no se cuenta nada en las noticias, que sigue todo lo que ocurre por lo que cuento y por los enlaces que subo. Ella, a su vez, lo transmite a todos sus amigos interesados (y a los que no lo están, también). Caigo en la cuenta de que nos hemos convertido en una especie de red de corresponsalías. No sólo es Sol, sino que me mantengo al día, gracias a los amigos y a través de la red, de las acampadas en otros lugares: Oviedo, Valencia, León,

Escribo esto en facebook: “Almodóvar dice que apoya el movimiento 15 M. Pues mire, señor Almodóvar, he tenido conocimiento de que ha volado usted a Cannes en un avión privado. Personalmente, ni necesito ni acepto su solidaridad. Gente como usted son parte del problema.”
Ha creado polémica. Leo algunas opiniones, y pienso si no me habré excedido, si no será hora de ponerse práctica y reconocer que el apoyo de ciertas figuras le viene bien al movimiento. Si no será lícito sumarse desde cualquier parte de la sociedad, incluso desde algunas más privilegiadas, si no seré injusta frente a cualquier forma de triunfo social, económico y cultural. Pero no puedo evitar cierto cabreo permanente con ellos: ¿qué han hecho antes de que la gente anónima saliera a la calle, ya desesperada? ¿Y después, en las manifestaciones, en las acampadas? ¿No llevan años defendiendo sobre todo sus derechos, sus privilegios y su nivel de vida frente a los de los demás? ¿Han dejado de estrechar la mano a los políticos, de recibir sus subvenciones, de asistir a sus premios y a sus fiestas, de lucir sus trajes caros, las joyas obscenas? No sé, pienso que aunque el éxito te haya llegado fruto del trabajo y la suerte, sin chanchullos, tiene que haber límites; el lujo y la ostentación, sin ir más lejos, me parecen obscenos. Me dicen en un comentario que yo también vivo en el lujo, si me comparo con un habitante de Mali o Sudán. Pues si lo mío es lujo, que no lo pongo en duda en esa comparación, imagina lo que es la vida de los que estoy criticando con respecto a ese mismo habitante de Mali. Si mi cama es un lujo, imagina su avión privado. Estoy cansada de esta supuesta complicidad con la pobreza y la injusticia en la que nos meten otros y que nos calla la boca por vergüenza. J. y D., a los que respeto profundamente porque siempre aprendo cuando debato con ellos, no están de acuerdo del todo conmigo. Y eso me hace dudar. Pero de lo que estoy convencida es de que “cultura” o “trabajador de la cultura” o términos por el estilo no son inocuos ni sagrados ni neutrales. Que por el mero hecho de disfrutar de la obra de alguien no tenemos que concederle nuestro favor o nuestro crédito sin fisuras. Que la admiración o la simpatía no eximen de la crítica. Sigo pensando.

Se acercan las elecciones y se va notando en el ambiente. Desde algunos sitios se empeñan en relacionar el movimiento con ellas; otros, incluso afines, piden que la acampada se levante después del 22. Personalmente, pienso que es un error que se relacione a una con las otras. Si la acampada se levanta el 22 o el 23 parecerá que todo se ha montado para presionar en las elecciones, como alguna de las teorías conspiranoicas proclama. Y quiero pensar que esto viene de lejos, y va a llegar más lejos aún. Si “lo llaman democracia y no lo es”, no sé que tiene que ver el movimiento con el simulacro del domingo. Dice Luis Amezaga: “A partir del domingo, sin interferencias, la indignación debería crecer”.

A mediodía leo: El ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, recibirá tras su salida abrupta del organismo, una indemnización de 250.000 dólares (unos 175.000 euros), además de una pensión vitalicia no especificada.
Después de esto... ¿hay todavía quien se pregunta el por qué de la indignación?

Vuelvo a ver la concentración en Sol a través de Internet. Ya no sé si reír, llorar, dar botes o meterme una ducha con agua fría. Escribo en facebook: Gracias, gracias, gracias.
Entiendo que algunas críticas y reflexiones de gente afín sólo intentan aprovechar la situación para dirigirla hacia algo mayor, más fuerte, efectivo. Pero hay momentos en los que el sentimiento puede con todo y las concentraciones son uno de esos momentos. Hace quince días quería darme la vuelta y meterme en la cama; la gente que me rodeaba en el metro sólo me parecían extraños robotizados. Así que ahora sólo puedo decir: Lo confieso: a las siete de la mañana yo he mirado a la gente en el metro con miedo, con desconfianza, con pena, con asco. Igual que me miraba a mí misma. Y nunca mais, nunca mais.
Y bajo nuestro cansancio y silencio, al parecer, muchos estábamos pensando en lo mismo y desconfiábamos de las versiones oficiales, leíamos los periódicos sabiendo que detrás de las cifras estaban I., A., C., M., gente con nombres y rostros y vidas que tenían que dejar su casa o trabajar doce horas o no trabajar nada. Quizá el movimiento sea manipulado o termine disgregándose; pero ahora mismo siento que mi mirada ha cambiado para siempre. Que siempre tendré el agradecimiento a mano. Que nunca podremos dejar de reflexionar juntos. Hoy me siento más culta y libre y acompañada que hace una semana.
14.0000 personas viendo Sol en stream. Una experiencia nueva sentirse parte de algo sin ni siquiera estar físicamente presente. Como si además de cuerpos hubiéramos pasado a tener almas, un alma común.
Los viernes, normalmente, estoy demasiado cansada de los madrugones y me acuesto pronto. Hoy se han acostado mi hija y la alemana, pero Manuel y yo seguimos con los ordenadores, los móviles, la televisión. Hay un canal, el Canal33, que hace unos días emitía el crecimiento de dos pollos de águila en Wisconsin (!!!), y que ahora enfoca continuamente hacia Sol. Sol está abarrotado, y la Red se suma, todo el mundo twitea, o está en facebook, o en todas partes. Hasta la ubicuidad parece posible. Nos llegan sms de amigos que están en Sol. Dicen que hoy han empezado a llegar cartas a Sol; la dirección es: Acampada Sol. Puerta del Sol, s/n. 28013 MADRID. En twitter: “La comisión de alimentación ofrece bocadillos y agua a la policía”. Ya es madrugada y seguimos conectados. M.A. escribe: ¿Cómo dormir cuando se está soñando?
La persona menos patriota que conozco -yo- escribe esto en fb: Qué país más extraño y hermoso... (Si alguien me hubiera dicho que iba a escribir esto un día, yo le hubiera contestado que qué mariguana más güena fuma). Manuel y yo nos abrazamos mientras me dice: “Nunca vuelvas a desconfiar de esta ciudad”. Estamos los dos llorando.
A las doce, por primera vez, el grito mudo. Silencio en respuesta a tantas humillaciones. ¿Se puede ser más elegante? P. R: me manda un verso del poeta nicaragüense Roque Dalton: "El águila no solo no caza moscas, sino que lo hace con la más silenciosa de las majestades".
Mientras me lavo los dientes, un grito resuena en mi cabeza: “La voz del pueblo no es ilegal”.

viernes, 9 de septiembre de 2011

19 de mayo

19 de mayo

Se van sumando otras concentraciones en apoyo: Atenas, Berlín... Hoy llega la alemana; espero que haya oído hablar de esto previamente en su país. Me sigue preocupando cómo explicarle esto a una niña de catorce años, de familia acomodada, que llega a una casa en la que constantemente hay tres ordenadores y la televisión encendida, a la búsqueda de canales que hablen de Sol.

En el curro me siento más que nunca una fiera enjaulada. Hago mi trabajo a toda prisa, concentrándome para no equivocarme, y a ratos sueltos, o en la media hora del desayuno, me dedico a rastrear información que luego cuelgo y reenvío: en Sol hacen falta palés para aislarse del suelo mojado; calcetines; relevos. Por un lado eso me conecta con Sol, de donde cuesta salir tanto física como emocionalmente; por otro, he encontrado la manera de sentirme, en cierta forma al menos, útil; alejo la culpabilidad que he vivido en situaciones parecidas -¿ha habido situaciones parecidas? Bueno, cuando tenía amigos en el movimiento okupa, hace más de quince años, y yo estaba ya obligada por los horarios, por el trabajo, por mi bebé o por mi cobardía y resistencia al compromiso absoluto a hacer labores de apoyo, invitarles a comer, a ducharse, a usar mi ordenador, pero nunca me situaba en primera fila. Batania me dice que el movimiento está claramente impulsado por la energía de los jóvenes; él, unos años menor que yo, rozando la cuarentena, dice que está fascinado por ese impulso y describe su papel como “generador de entusiasmo”. En mis momentos más optimistas y menos autoexigentes, me gusta verme a mí misma así también. Pero la verdad es que cuando alguien me agradece lo que estoy haciendo, siento cierto pudor, porque sigue pareciéndome poco.
Sin embargo, está la sensación de que todos sumamos. En varias ocasiones, “la policía ha comunicado a las autoridades la imposibilidad de disolver a los asistentes por el elevado número de personas en la plaza”. Parece que nadie es más importante que nadie y eso eleva la importancia del nosotros.


Arrecian estos días las críticas a la falta de propuestas, de líderes, las dudas sobre quién está detrás del movimiento, cuáles son sus motivaciones... Pero, ¿de verdad hay que explicarlas? Tengo la impresión de que los que quieren que expliquemos lo obvio, sólo van a la caza de contradicciones y resquicios para manipular como siempre. Tengo amigos alrededor que se sienten parte del 15M, pero que también dan muestras de impaciencia. Yo quiero mantener la fe, al menos alargarla un poco más. En la primera asamblea a la que asistí, un chaval de poco más de veinte años, insistía en que la prisa era una imposición que venía desde fuera, en que nosotros estamos aprendiendo y que necesitamos marcar nuestro ritmo. Resulta contradictorio que sean los jóvenes de veinte años los que nos digan que la prisa es mala consejera. ¿Contradictorio? Quizá seamos los más mayores los que estamos más presos de la rutina del estrés, los más impacientes, los que más necesitamos que el tiempo corra rápido.

Las teorías conspiranoicas arrecian. Estaban tardando los de siempre. César Vidal relaciona a los acampados con ETA y grupos radicales. Esto despierta hilaridad entre mis amigos de fb. J. D. dice confesar que como no encontraba trabajo por ninguna parte, él, efectivamente, llegó a mandar su C.V. a ETA, pero no le habían contestado aún. Estaban muy ocupados organizando las acampadas, le contesto yo. El otro día, en Sol, al pasar detrás de un corresponsal de Intereconomía, le felicité por sus grandes programas de humor. Pero el caso es que yo los aguanto con mucha dificultad. La sonrisa se me congela. Mee consta que entre mis amigos son muchos los que ven la cadena y prefieren estar informados de por dónde se anda esta gentuza. Yo no tengo estómago. Desde El Jueves contestan que “Eta pagó a los acampados en Sol por hacer que España perdiera Eurovisión”. Hay que tener cuidado estos días con el humor. Cuelgas algo serio y siempre hay alguien que lo toma por un chiste; y al revés. Algunos comentaristas se han puesto tan delirantes que Faemino y Cansado a su lado hacen realismo costumbrista.


O. me deja en el facebook unas frases del escritor Alejandro Sawa, que parecen hablar de estos días:
!A la calle, a la batalla, a luchar con fantasmas! Pero son calles en que al andar se pisan corazones, y son fantasmas que ocultan bajo sus túnicas de niebla puñales y amuletos contra la dicha humana.


A las dos vuelvo a Sol. Se hace casi imposible no ir por allí al menos una vez al día. Cada vez hay más carpas y estructuras. Veo caras de agotamiento pero ningún signo de rendición; la ilusión y la amabilidad de los que permanecen allí siempre me abruman. A través del móvil, cuelgo las necesidades de hoy: cubos, fregonas, escobas, clavos, mantas, sacos, tiendas, pales, esterillas, tijeras, cuter, escalera, nevera, comida, metro, tablas, candados.
Sol va tomando cada vez más el aspecto de una pequeña ciudad autosuficiente. Las salidas del metro y de la estación de Cercanías están cubiertas por las pancartas que la gente va escribiendo de forma espontánea, a medida que se acercan por allí. Unas son más idealistas y hippies, otras más radicales o más concretas. Tengo miedo de que en algún momento empiecen a ser contradictorias entre sí, pero de momento, parece que todas suman perspectivas. Es el enemigo lo que nos une, lo que nos pone a todos del mismo lado. Pero a veces siento el vértigo del primer día, después de la mani: el ¿y ahora qué?
Lo primero que he visto hoy, al salir del metro, ha sido una cola de indigentes frente al puesto de comida de los acampados. Momento emocionante. ¿Cuándo se ha ocupado de ellos el ayuntamiento, cuándo les han tratado con tanta dignidad y amabilidad?

Llevo tres días comiendo bocadillos, y una vez más no tengo tiempo de pasarme por casa. Tengo que ir al aeropuerto a recoger a la alemana. En el metro mi hija y yo intentamos resumirle lo que pasa en Sol. No sé si no entiende mucho, o no le interesa, sólo sonríe y afirma educadamente cuando le digo que estamos hartos de los políticos, que aquí en España hay muchos corruptos -ladrones, aclaro, para que me entienda. Me pregunto lo que pensará al ver la habitación de mi hija, decorada con caretas de Anonymous, llamamientos a la mani del 15M y proclamas anarquistas. Ella parece preocupada sobre todo por la peligrosidad de las montañas rusas del Parque de Atracciones.

En Soltv se puede seguir lo que pasa en Sol en directo. Pongo el portátil en el salón, subo el volumen y Sol se oye por toda la casa. A pesar de la prohibición de la junta electoral, a las ocho de la tarde se ve lleno. Tengo la carne de gallina. No puedo quitar los ojos de la pantalla. Hay algo hipnotizante en la visión de gente que se reúne, que va llegando por las calles adyacentes hasta taponarlas. En las noticias, cada día, hay un motivo más para salir a la calle:
La reaseguradora alemana Munich Re ha admitido que directivos de una de sus filiales celebraron una fiesta en junio de 2007 en Budapest con 20 prostitutas para premiar a sus agentes por los buenos resultados de la empresa.”

No hace falta que nadie lo cuente ni le ponga adjetivos. Es la noticia sin filtro. Sol está abarrotado. Esa es la noticia, la buena noticia. Es la primera vez que estoy llorando en casa. Espero recomponerme cuando la alemana salga de la ducha. No quiero asustarla.